Restauración de un manuscrito del siglo XVIII mediante técnicas tradicionales de tinta natural.
Un manuscrito persa del año 1742 presentaba pérdida de pigmento en los trazos caligráficos y deformación del soporte de papel de lino. La tinta ferrogálica original había reaccionado con la humedad, generando manchas de óxido que ocultaban parte de la simetría geométrica de los arabescos.
Se analizó la composición química de las tintas mediante espectroscopía infrarroja. Se preparó una tinta de hollín de sésamo y goma arábiga, ajustando el pH a 5.5 para evitar daños adicionales. Se utilizó un cálamo de caña con punta biselada a 45° para replicar la presión original del trazo.
Se aplicó la tinta en capas sucesivas sobre el papel de lino previamente humidificado y prensado. Se restauraron 12 patrones geométricos concéntricos y 8 monogramas decorativos. El proceso duró 14 semanas, documentando cada etapa con microfotografía.
El manuscrito recuperó el 92% de su legibilidad original. Las pruebas de conservación acelerada (80°C, 65% HR durante 72 horas) mostraron una estabilidad cromática superior al 95%. La obra se exhibe actualmente en la galería del sitio como referencia de técnicas de restauración caligráfica.